lunes, 1 de diciembre de 2008

Notas finales del módulo, actualizadas 19 dic. 2008

Milena Rodríguez 4.8
Marìa Victoria Guerra 4.8.
Sandra Suàrez 4.8
Jenny de Oliveira 4.8
Zully Sotelo 4.8
Catalina Giraldo 4.8.
Carolina ? 4.5
Pedro Pinzòn 4.5
Johanna Milena Rodriguez 4.5
Marcelo Mejìa 4.5
Gabriela del Sol Abello 4.5
Rodrigo Rodrìguez 4.5
Josè Ferreira 4.5
Andrèa Santana 4.5
Sandra Julieth Càrdenas 4.5
Anderson Johan Cubillos. 4.4
Fabian Parra 4.3
Carlos Sierra 4.3
Alejandro Martìnez 4.3
Catalina Daza 4.3
Pedro Andrès Lasso. 4.3
Luis Rodrigo Trujillo. 4.3.
Mauricio Fajardo 4.2
Sandra Jubelly Garcia Lopez 4.0
Mabel Forero 4.0
Rodrigo Andrès Collazos 3.9
Victoria Holguìn 3.9
Juan Sebastiàn Ocampo 3.5
Leo Lòpez 3.5.

RICARDO RIVADENEIRA V.
Profesor Instituto de Investigaciones Estéticas
Universidad Nacional de Colombia

1 comentario:

Sandra Jubelly dijo...

ANTISEPSIA Y ESTERILIZACIÓN
A propósito de la edición 100 de la revista SoHo

Por SANDRA JUBELLY GARCÍA LÓPEZ
Teoría e Historia de la Fotografía
Facultad de Artes
Universidad Nacional de Colombia

La finalidad del arte es dar cuerpo a la esencia secreta de las cosas, no el copiar su apariencia.
Aristóteles, Poética

La fotografía publicitaria y el arte son antonímicas por principio. La una es antítesis de lo otro. Quizá por ello el resultado que produce la revista SoHo en su edición 100 no pueda ser literalmente más monstruoso. El DRAE define monstruoso en su primera acepción así: (Del lat. monstruōsus). Adj. Contrario al orden de la naturaleza.
Aristóteles en su categorización de la actividad humana da prioridad a lo inútil sobre lo útil estableciendo como superior lo inútil en donde se encuentran las bellas artes, cuyo fin no es satisfacer ninguna necesidad material, sino procurar placer estético y llenar exigencias espirituales*. Si nos atenemos a esta categorización del arte, la fotografía publicitaria sería justo lo contrario dado que está hecha con un único propósito: vender un producto. Para el caso que nos atañe, lo que está en venta, lo que se publicita es la revista SoHo que, como estrategia, utiliza el cuerpo desnudo, la mayoría de veces femenino, de personajes del mundo del entretenimiento: modelos, actrices, cantantes, etc. En esta ocasión la revista se propuso un innecesario pretexto para desnudar a sus modelos: parodiar algunos hitos del arte para lo que –con el concurso de varios fotógrafos, asistentes de fotografía, maquilladores, escenográfos y modelos, por supuesto– intentaron recrear algunas obras.
Para la publicidad y sus fines la apariencia es definitiva, por eso la intervención del sujeto - objeto fotografiado durante y después de la fotografía. Las modelos, por lo general, han intervenido su cuerpo quirúrgicamente para coincidir con el canon de belleza actual; para las fotografías se someten a un riguroso maquillaje; por ejemplo, se las broncea artificialmente con una suerte de aerógrafo y por último se intervienen las fotos con Photoshop para eliminar lo que ni la cirugía ni el maquillaje pudieron. La combinación de estos principios de higiene y antisepsia del mercado y las obras de arte dan como resultado una suerte de Frankenstein del consumo por vía de la usurpación.
Toda la emulación que pretendió la revista fue desafortunada, pero como en toda monstruosidad hay regiones que sobresalen por su deformidad. Me detendré en Las Meninas por que es a mi parecer la malformación más prominente en este execrable intento de emulación.
Las Meninas es una obra compleja e inquietante. Michel Foucault habla, a propósito de la obra, de un punto de invisibilidad doblemente invisible*, un punto que es la intersección, el encuentro de la mirada de Velázquez con la nuestra. Este encuentro inquieta porque propicia la pregunta: ¿por qué nos mira?, ¿qué busca esa mirada en nosotros? Para entender de pronto, y con sorpresa, que Velázquez está pintando y su gesto es el del pintor que observa el sujeto – objeto para recrearlo en el lienzo.
Esa es la primera invisibilidad: aquello que Velázquez mira y que nosotros no podemos ver pero que nos atribuimos a nosotros mismos. La segunda invisibilidad es la del lienzo que nos niega la mirada de su contenido por que vemos su reverso. Pero el encuentro con la mirada de Velázquez, en un primer momento, nos incorpora al lienzo. Habitamos en el cuadro que no vemos, lo habitamos nosotros como lo han habitado los otros, todos los que en algún momento se han parado frente a Las Meninas o su reproducción.
Velázquez sigue pintando. Las Meninas no es objeto, es acto, es presente continuo. Pero esa habitación en la obra es provisional porque en algún momento de la observación se nos revela el engaño que nos expulsará del cuadro.
En el fondo de la obra, mimetizado en otros cuadros, surge un espejo en el que se reflejan las figuras que la tradición reconoce como el rey Felipe IV y la reina Mariana. En este punto sabemos que a quien mira Velázquez no es a nosotros, sino a los reyes que se encuentran físicamente fuera de la representación pero se los incorpora por vía de su reflejo.
Esta es la segunda vez que la obra alude a lo que no está en ella y lo incorpora en un desplazamiento mental continuo, un sistema de evocación e incorporación del afuera. La obra es una imagen de la imagen y una representación de la representación, es una implosión de la mirada.
Volviendo a SoHo, es claro que los fotógrafos poco y nada sabían de las obras que pretendían emular, pero hagamos caso omiso de ello y seamos generosos, porque el arte también debe enfrentarse con la inocencia del primero que la observa después del pintor, es decir, sin el peso que le otorga lo canónico, la tradición. Pero surge un nuevo problema que no tiene que ver con el conocimiento sino con la sensibilidad, con la manera de relacionarse con el arte y con el entorno en general.
La forma en la que ha sido tratada la obra de Velázquez es literalmente bárbara, aniquilatoria. No hubo ningún tipo de comunión entre el emulador y lo emulado, nada de Las Meninas permeó el espíritu del fotógrafo, ninguna fibra de su ser fue tocada como no lo es la del invasor que saquea o bombardea un territorio.
El comportamiento bárbaro tiene una característica: luego de acabar con los habitantes de la población que asola, destruye sus monumentos, sus edificaciones y todo lo que pueda recordarlos en un intento de aniquilación; pero también se apropia de aquello que el bárbaro considere de más valor y generalmente le confiere usos distintos a la naturaleza del objeto; por ejemplo: los objetos sagrados se convierten en botín.
De igual manera se comportó el fotógrafo con Las Meninas. Quizá por ello no le asista la razón a quienes piensan que por esta vía se acerca al lector de la revista al arte, porque lo que apreciará no será ninguna resignificación, ni emulación, ni siquiera una parodia de la obra sino su aniquilación.

*Angel J. Cappelletti. Estudio preliminar de la Poética de Aristotéles. Monte Ávila, Caracas, 1991
*Michel Foucault. Las palabras y las cosas. Siglo XXI, México, 1993. P. 14